Editorial N01

Publicado: ndUTCp3059UTC06bMon, 02 Jun 2008 19:59:30 +0000UTC 28, 2008 en Periodico Número 1
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Para resolver el problema del agudo sufrimiento de hombres y mujeres en los tiempos actuales, forjemos un frente por el cambio en todos los ordenes de la vida.

Sobrevivimos (quienes podemos aún) en un mundo caótico, anárquico en el vulgar sentido de la palabra (es decir un mundo en cuyo desorden sólo imperan los más fuertes económicamente). Este nuevo periódico libertario nace para intentar, colectivamente, conocer las causas más profundas del desequilibrio actual, a fin de descubrir, con sus lectores, las formas y métodos para evitar la hecatombe que se avecina. Sin embargo, desde ya podríamos adelantar que mucho tiene que ver el principio de autoridad entendido como que, supuestamente, siempre tienen que existir dirigidos y dirigentes, “jefes y masas”, es decir, “autoridades y ejecutores”.
En seguida distinguiremos que la propiedad privada, base del egoísmo, genera una división en clases sociales antagónicas, que el sistema trata de silenciar y transferir este problema a la “cuestión nacional”, inventando conflictos fronterizos que permitan “la unión sagrada” entre pobres y ricos, mejor dicho que los pobres renuncien a sus reivindicaciones en aras de los “intereses de la patria”.
Este sistema establecido, llamado “capitalismo”, privilegia el tener sobre el ser, es decir que antes de desarrollar nuestra autonomía psicológica basada en un ideal de mejora personal y social, se induce a la gente a vivir rodeada de objetos y artefactos que perecen adrede pocos años después, haciendo del “mercado” una oferta y demanda pretendidamente infinitas. Resumiendo: estos tres aspectos, todos de índole social, estarían en la base de una organización de la sociedad negativa que ya es hora de abatir.
Por el hecho de expresar libremente nuestras convicciones a favor de la emancipación de la Humanidad de todo yugo económico y político, nuestros detractores (la derecha liberal, la derecha fascista y la izquierda autoritaria) nos acusan de “utopistas”.
En realidad, los “utopistas” son ellos, puesto que su demagogia de “mejorar las condiciones de los pobres y la justicia y la seguridad en el país”, a través de las elecciones o de una violencia que desemboca en la toma del poder por un grupo, sólo crea más opresión, más miseria, más injusticia, más inseguridad y, en definitiva, una violencia sin límites para que todos obedezcan al grupo que controla el poder del Estado.
Eso está pasando en estos precisos instantes, en el Perú, sin ir más lejos, cuando se acribilla a los manifestantes para disuadir a todos los trabajadores y pobres del Perú de que formulen su cólera y su protesta en las calles.

Nosotros no luchamos solamente contra el Estado actual para reemplazarlo por un nuevo, sino por la desaparición del Estado mismo, fuente de exclusión, injusticia y privilegio. El vacío político creado sería reemplazado por el autogobierno popular, gestionando la economía y todos los asuntos del país y del mundo no verticalmente sino horizontalmente, es decir, que sólo bajo la condición de que el Estado desaparezca, la palabra “democracia” adquirirá su sentido original de “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Es justo y necesario, pues, que decididamente todas las personas honestas, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, converjamos en fundar una gran coalición en pro de la magna causa de la justicia, la igualdad y la libertad de todos y todas. Este frente único, en el que pueden entrar gentes de diversa procedencia, ideología política, religión, género, “raza”, etc., viene a ser el único frente válido para la tan ansiada redención del género humano y de la vida en el Planeta. Sin embargo, la condición es dejar a un lado la politiquería barata que sólo busca el acomodo personal poniéndose al servicio de algún partido electorero o de alguna autoridad espúrea.
El único interés es el de la lucha social considerando que la emancipación de todos será la condición de la emancipación de uno mismo. Claro que no descartamos la posibilidad de obtener ventajas inmediatas de esta unión, por ejemplo mejorar las condiciones de trabajo denigrantes o hacer asequible la salud a todos, pero sin olvidar que ninguna reivindicación de fondo se logrará sin suprimir el aberrante sistema capitalista neocolonial y salvaje que nos gobierna. Nacemos, pues, proponiendo no la paz de los cementerios que quiere imponer la casta gobernante, sino el combate social y político serio, responsable, constructivo y liberador.

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