En el cuarenta aniversario de los acontecimientos de mayo de 1968, en Francia

Publicado: ndUTCp3018UTC06bMon, 02 Jun 2008 20:18:48 +0000UTC 28, 2008 en Periodico Número 2

Luego de la Segunda Guerra Mundial advino un largo período de “paz” en Europa, cesaron los conflictos bélicos entre los países europeos que respetaron escrupulosamente el Pacto de Yalta, o sea el reparto del mundo entre los “grandes” (EEUU, Inglaterra, Unión Soviética y Francia, como “invitada” menor).

La “guerra fría” se desenvolvía en el Tercer Mundo cuyos pueblos luchaban contra el colonial ismo, logrando independencias nacionales muy relativas pues, en realidad, cambiaban a una potencia dominante por otra. En general, se puede decir que los líderes “nacionalistas”, sobre todo en el Africa, se llenaban la boca con el caramelo del “socialismo” y el resultado eran gobiernos corruptos que imponían sus intereses de clan cuando no de familia.

Los movimientos más radicales se dieron en el Asia con la revolución china y vietnamita, en este caso el poder fue monopolizado por partidos políticos comunistas, el feudalismo fue desplazado, pero sólo para dar paso a un capitalismo de Estado primero y al actual desborde del capitalismo privado con todo su salvajismo y sobreexplotación del proletariado que dicen representar. Esta situación, ocultada por las ideologías dominantes, como un enfrentamiento entre el “campo socialista” y el “campo capitalista” o del “mundo libre contra el comunismo” (según los manipuladores mentales del Pentágono), es el telón de fondo de la revolución francesa de mayo-junio de 1968 que quiso romper con dicho alineamiento alienante para reivindicar la libertad de los individuos y de los pueblos, en lucha contra la explotación capitalista de Estado o privada y el autoritarismo de unos y otros, y que sucumbe ante el fuego graneado del Estado francés controlado en aquel entonces por la derecha “gaullista” y la reacción de los aparatos de la “izquierda” sea la comunista autoritaria con su CGT y el Partido Socialista con su poderoso grupo parlamentario. Durante esos más de 20 años de post guerra, los temas libertarios prosiguieron su progresión en los más diversos medios, sobre todo entre las jóvenes generaciones dispuestas a cambiar la sociedad para que cambie su propia vida despojada de porvenir (a no ser el de trabajadores manuales o intelectuales asalariados por el patrón capitalista, grande, mediano o pequeño).

Según Louis Comby, en Francia, “de abril de 1956 a junio de 1964 “Negro y rojo” publica veintisiete números mimeografiados consagrados a un anarquismo que se define no solamente como una concepción humanista, individualista, filosófica y ética, sino también organizacional, social, económica, colectivista y proletaria”. “Negro y Rojo” rechazaba la sospecha que ellos buscaran una alianza entre el marxismo y el anarquismo, afirmando que “la diferencia esencial entre el marxismo y el anarquismo es más bien de tipo organizacional entre la concepción antiautoritaria de los anarquistas y la concepción burocrática leninista, bolchevique de la organización (basada en el llamado “centralismo democrático”). Es decir que “Negro y Rojo” era una revista modesta que vivió casi 10 años, así como otras que circulaban en los medios estudiantiles y obreros franceses, que fermentó el factor propiamente humano de la protesta con ideas nuevas como asimilar los aspectos positivos del marxismo y del psicoanálisis de Freud, a la concepción libertaria-revolucionaria, y que les permite, en pleno fragor de la acción directa en mayo-junio 1968,lanzar consignas como “prohibido prohibir” (ellos creían que aquí residía el reclamo de una ampliación de las libertades).

Quiero decir que la revolución de mayojunio 1968 tuvo una ancha base social e ideológica, si bien el líder principal que se destaca fue el joven alemán Daniel Cohn-Bendit, de sensibilidad libertaria en aquel entonces (actualmente es un ecologista neoliberal), junto con otros que venìan de la Juventud Comunista como Alain Krivine quien, debido al comportamiento del PC en la “crisis” de mayo, devino trotskysta. Antes de continuar, tengo que recordar que las diferencias entre el anarquismo y el comunismo marxista no se reducen al aspecto organizacional ni nacen luego de la toma del poder por el bolchevismo leninista, sino aparecen ya al interior de la Primera Internacional cuando entre Marx y Bakunin se lanza la polémica sobre la cuestión central: la cuestión del Estado.

Si hay algo que se pueda rescatar de Marx es su llamada “teoría del valor”, explicación apropiada del funcionamiento del capitalismo y de la explotación del proletariado por la burguesía. Bakunin mismo y otros anarquistas se han inspirado en los argumentos económicos aportados por Marx y cuyo origen está en los trabajos de economistas ingleses como Smith y Ricardo. En este sentido no debemos tener ningún prejuicio. Afirmaba, pues, que la revolución de mayojunio de 1968 tuvo una ancha base social, no sólo participaron los estudiantes universitarios y secundarios, sino la presión era tal que las Centrales sindicales convocaron a una huelga general obrera y campesina. Los anarquistas y algunos grupos de la izquierda no comunista, no sin ser conducidos por el propio movimiento espontáneo de los trabajadores, lograron que éstos ocupen muchas fábricas y se organicen para la producción en torno del principio de la autogestión. En realidad, el movimiento obrero huelguístico comienza en la ciudad de Nantes, al noroeste de la Francia, para luego extenderse a todo el país como una realidad que los dirigentes sindicales sólo podían institucionalizar con sus llamados a la huelga general.

Sin embargo, aquello de la “ancha base social e ideológica” tiene sus bemoles, como nos lo descubre Louis Comby: “La fórmula unirse en lo que nos acerca descartando lo que nos divide puede permitir que un movimiento se extienda, pero nosotros sabemos que ello también puede impedir que el movimiento gane en profundidad y, cuando la euforia de las grandes masas confusas y heteroclitas se ha disipado, es necesario determinar cómo se vá a construir una sociedad libre e igualitaria, mientras el movimiento de masas se derrite como la nieve expuesta al sol y cada uno de los participantes retoma sus posiciones originales” no tan radicales (es decir que no van a la raíz de los problemas). Dicho en otras palabras, luego de los famosos acuerdos de Grenelle en que el poder gaullista “cedió” a las centrales sindicales el salario mínimo para los obreros (que no existía en esa época y que fue casi lo único que se obtuvo como conquista social), y que, entonces, la huelga general fue levantada por los jerarcas sindicales burocráticos, los anarquistas y sus amigos, así como algunos grupos obreros esclarecidos (la fábrica Lip, de relojes, no fue desocupada por los obreros y continuó sus actividades casi hasta el día de hoy), se quedaron virtualmente solos mientras la “mayoría” siguió fiel a Moscú cuando no al nacionalismo capitalista del general de Gaulle. Los comunistas autoritarios llegaron al extremo de apelar al sentimiento xenofóbico de los franceses simples de espíritu al señalar que el movimiento social de mayo de 1968 estaba dirigido “por un estudiante alemán”, tal como lo señaló en un discurso el secretario general del PCF, Georges Marchais.

Mientras tanto, el 25 de mayo de 1968, Christian Fouchet, ministro del intérior en esa época, denigraba a los estudiantes anarquistas casi como si fueran los hinchas de la mafia. “Esta plaga que sale de los bajos fondos de París y que es verdaderamente rabiosa, disimulada detrás de los estudiantes se bate con una locura asesina”. Para los unos y los otros, la Francia no podía salir del “campo capitalista”, había que respetar el pacto de Yalta firmado por Stalin y el propio de Gaulle (aunque en calidad de “observador”). Es con la misma lógica que los dirigentes comunistas ayudaron al invasor inglés a aplastar la revuelta de los militantes comunistas de base y obreros griegos, que creían luchar por la victoria del socialismo, inmediatamente después de la segunda guerra mundial. Grecia era otro peón en el ajedrez mundial, en el tablero estaba en un casillero de las fichas “blancas”, o sea en el llamado mundo occidental y cristiano. Para terminar, diremos que mayo del 68 renueva con las mejores tradiciones del movimiento libertario y puso, a la orden del día, el combate por un socialismo libertario, autogestionario, de democracia directa, igualitario y fraternal, y que estos objetivos llegaron a ser avizorados por millones de individuos que no vamos a dejarnos traicionar una segunda vez.

Lima, 27 de mayo del 2008.

Anselmo Pérez. .

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