Ola de racismo y xenobofia en el mundo

Publicado: stUTCp3139UTC10bWed, 01 Oct 2008 21:39:16 +0000UTC 28, 2008 en Periodico Número 3

 En un libro que data de los años 70 del siglo pasado, el compañero libertario Luis Mercier Vega dice que “el día que no haya trabajo para todos aparecerá una ola de racismo y xenofobia en el mundo, pero sobre todo en Europa”. Es extraordinario como este compañero se anticipa tres o cuatro décadas a lo que está sucediendo hoy día.  Efectivamente, la semana pasada hemos leído las noticias que vienen de Africa del Sur y de Italia. En el primer caso, las manifestaciones genocidas de los nativos de Africa del Sur contra los inmigrantes de países vecinos tales como Somalia, Zimbawe, Mozambique, Angola, etc. Y en el segundo caso, la decisión del gobierno italiano del archimillonario Berlusconi en el sentido de que la inmigración ilegal es un delito punible con la prisión y, luego, la expulsión del país manu militari. También  nos hemos enterado de la demanda del presidente francés, Nicolás Sarkozy, a la Comunidad Europea para que se obligue, como una condición insoslayable, que los inmigrantes en cualquier país de Europa, aprendan la lengua de dicho país y “respeten sus leyes”. En este último caso, se adopta la actitud de los grupos neofascistas que realizan la amalgama entre inmigración y delincuencia, como si la primera fuera la causa de la segunda. Todo esto nos indica que los estados han ascendido un peldaño más en la represión violenta de los inmigrantes que huyen de sus países de origen para sobrevivir en otro país en el que piensan encontrar empleo y un mejor cuadro de protección social.

 

Al parecer, el objetivo de la “libertad de circulación de las personas y de instalación en cualquier parte que ellas elijan”-que es lo que nos proponemos nosotros los libertarios-, deviene casi utópico en el marco del capitalismo globalizado actual. Quiero decir que para convertir ese objetivo en una realidad se hace necesario subvertir el orden económico-social y reemplazar los gobiernos burgueses por autogobiernos populares, en el mundo entero. Claro que en lo inmediato hay que resistir, ese y no otro sentido tenía y tiene la actitud valerosa de los compañeros y compañeras anti-racistas que, en Francia, se echaban en las pistas de aterrizaje y despegue de los aeropuertos cuando iba a partir un avión expulsando uno o varios inmigrantes. Se obligaba así a que la tripulación de los aviones cancele el vuelo, si los inmigrantes no eran retirados de los aviones, por medida de seguridad. Claro que ello no ha impedido que los sucesivos gobiernos, tanto de derecha como de izquierda, expulsen decenas de miles de inmigrantes “ilegales” por año. La postura anti-inmigración de la izquierda se grafica por las palabras del que fuera primer ministro “socialista” en la época de Mitterrand, Michel Rocard: “la Francia no puede albergar toda la miseria del mundo”. O bien en las del propio de Mitterrand, refiriéndose al fenómeno de la inmigración: “hemos llegado al umbral de lo que se puede tolerar”.

 

Estas explosiones de xenofobia, que han dejado un saldo de más de 50 muertos en Africa del Sur ( algunos quemados vivos), son alentadas por los políticos, quienes en lugar de confesar que si no hay trabajo para todos es responsabilidad del sistema, echan la culpa a los inmigrantes de todos los males y prácticamente empujan a los nativos del país a castigarlos a manera de chivos emisarios. Es decir, para salvar al sistema de una caída estrepitosa están dispuestos, sean de derecha o de izquierda, a hacerle el juego al nacionalismo violentista, ambiente en el cual siguen floreciendo las flores del mal neo nazi. Al mismo tiempo, no hay posibilidad de solución en el cuadro de los países considerados como compartimientos-estancos cuya autonomía se reduce a la administración de la mano de obra, mientras todo el resto está globalizado, sino que debemos considerar que hay que ubicarnos en una concepción realmente internacionalista capaz de lograr el desmoronamiento del capitalismo que ya ha fracasado económicamente, al no lograr resolver el problema de la pobreza ni el de la pobreza extrema que aumentan. Es decir, si la humanidad quiere salir del impasse actual, deberá resolver su problema social revolucionariamente.

 

Lima, 31 de mayo del 2008.

 

Víctor Fréjus

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