“La Usurpación en la Araucanía” Parte I

Publicado: stUTCp3123UTC10bFri, 31 Oct 2008 15:23:33 +0000UTC 28, 2008 en Periodico Número 5

Breves consideraciones sobre la lucha autonomista Mapuche y el poder



El sur de Chile, y particularmente la región de la Araucanía, es un territorio habitado ancestralmente por el pueblo Mapuche (gente de la tierra), uno de los grupos originarios más combativos de este lugar del mundo.

Desde el comienzo de la invasión española, durante la primera mitad del siglo XVI, se comenzó a librar un conflicto interminable que fue llamado por la historiografía “La Guerra de Arauco”. Inicialmente este pueblo debió resistir el dominio de aquellos enviados imperialistas que buscaban la fama, las riquezas y el poder. Durante los primeros siglos esta búsqueda se hizo exclusivamente a través de la violencia, por medio de sus ejércitos y del engaño, a través de su religión. Pero más tarde, al constituirse el Estado Chileno, también se utilizó el Derecho, amparado en los gobiernos criollos y la re-colonización, con la ocupación masiva de innumerables colonos de diferentes partes del mundo.

La pérdida considerable de territorios Mapuche autónomos, que a la llegada de las huestes españolas se extendía entre el río Limarí y la Isla de Chiloé (1) (solo de este lado de la frontera) ha ido en constante aumento. En esa zona, el pueblo mapuche compartía la territorialidad con el pueblo diaguita, que a su vez tenía asentamientos hasta el río Maipo. Desde Aconcagua al sur la presencia mapuche era hegemónica.

Durante la época colonial el territorio entre Limarí y el norte del Bio-Bio (Pikun Mapu) cobra real importancia, ya que es allí donde comienza la usurpación territorial por parte de los hispanos, quienes se reparten extensas mercedes de tierras, las que dan origen a la gran propiedad latifundista de la zona central. En los primeros años de la república, el Estado chileno intenta exterminar los llamados “pueblos de Indios” heredados del etnocidio del periodo colonial, comenzando así las reducciones y la represión que continúa hasta nuestros días. Por su parte, el pueblo Mapuche sigue respondiendo como lo hizo antaño, recuperando por la fuerza las tierras usurpadas.

El despojo comenzó en el territorio comprendido entre el río Malleco y el Mariquina (y no el Toltén como se dice en la historia oficial), conquistado militarmente por el Estado republicano entre los años 1862 y 1883.

La virtual derrota Mapuche se evidencia tras esta invasión militar. El Estado reivindica y justifica esta ocupación violenta, que trajo consigo muerte, enfermedades, miseria y reducciones territoriales a gran escala para el aguerrido pueblo indígena. Esta operación, que demuestra las “bondades” de la nacionalización forzosa del Estado, fue denominada con el famoso nombre de “La pacificación de la Araucanía”, proceso de estudio obligatorio en las escuelas, donde nos enseñan a celebrar los triunfos del Estado sobre los pueblos originarios, aún siendo gracias a una masacre indiscriminada. La intervención trajo consigo la perdida del casi un 95% del territorio (cabe mencionar que en 1640 el territorio mapuche consideraba extensiones de tierras de alrededor de 11 millones de hectáreas, esto sin incluir el territorio del otro lado de la frontera). Casi un siglo después de la ocupación territorial, en 1973, los dominios Mapuche eran aún menores, situación que se agravó durante la dictadura militar de Pinochet, pues la posesión sobre las tierras fue reducida aún más, principalmente por el traspaso de éstas a inversores particulares y empresas forestales, llegando aproximadamente a las 300 mil hectáreas. Basta señalar que, en lo que hoy es la IX Región – zona de mayor concentración Mapuche – sólo se entregó un 12,3% del territorio original. Esto nos explica que la propiedad agrícola particular sobre los territorios indígenas tenga en su origen un acto de ocupación, despojo y usurpación, propiciado por el Estado y los particulares, ilegítimo en su origen al sentido común, legítimo a la consecuencia del estado invasor.

En la actualidad la situación no ha cambiado mucho, hoy los grupos económicos más poderosos del país explotan a destajo, a través de sus colosales empresas, los recursos naturales que sustentan la vida de aquellos que viven de la tierra, todo esto, lógicamente amparado por el Estado chileno y sus “modernas” lógicas de libre mercado. Los principales grupos que se han instalado en estas tierras son: Angelini, con el sector pesquero y forestal, Luksic con el sector minero y Matte solo con el sector forestal, junto a otros tantos más.

Estas poderosas familias ya hacían sentir su crecente poder desde hace más de un siglo. Un ejemplo de esto nos lo entrega un acaudalado capitalista al afirmar que Los dueños de Chile somos nosotros, los dueños del capital y del suelo; lo demás es masa influenciable y vendible; ella no pesa ni como opinión ni como prestigio”(2). Estas palabras son de Eduardo Matte Pérez, bisabuelo de Eliodoro Matte Larraín, actual mandamás de una de las pocas familias que continúan controlando el grueso del Producto Interno Bruto (PIB) de Chile. Estos imperios se ponen en marcha durante la dictadura militar manteniéndose y potencializando su poder en la actual democracia neoliberal que vive Chile.

Por Katty & Lais.

Desde Temuco, Chile

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