DELFÍN LÉVANO: SEMBLANZA DE UN REVOLUCIONARIO

Publicado: rdUTCp3117UTC01bSat, 03 Jan 2009 16:17:41 +0000UTC 28, 2008 en Periodico Número 5

“…es indispensable y lo más urgente en la hora actual de la humanidad: la organización y la unidad proletaria, necesarias para le defensa de los intereses colectivos y de los derechos conquistados a través de los tiempos, a fuerza de tantos desvelos, de tantos sacrificios y la sangre fecundante de los libertarios de todas las épocas; esa organización y unidad que han de ser mañana, avalancha contra todas las tiranías y todos los despojos cometidos por las clases privilegiadas, y, después, cuando el momento y las circunstancias determinen el punto final de una evolución, ha de convertirse en el majestuoso oleaje de la revolución social…” (1).

Un medio día del 23 de setiembre de 1941, dejó de existir, Delfín Amador Lévano Gómez, un gran hombre y revolucionario, un hombre de lucha y acción, infatigable organizador del proletariado, que lo dio todo por la más noble causa que puede existir: “La Emancipación del Proletariado” […], en pocas palabras, “Un Anarquista Convicto y Confeso”.

Las líneas que siguen a continuación, a 67 años de su muerte, son una pequeña muestra de agradecimiento por toda su labor desplegada en la organización y concientización del proletariado, que a pesar de ser apresado y torturado infinidad de veces –por las fuerzas represivas– no se amilanó y conoció fatiga; emprendiendo larga y constante lucha contra la burguesía y clase dominante en la época en la cual se desenvolvió; donde se fueron incorporando más compañeros y camaradas a esta notable causa. Entre ellos: Adalberto Fonkén, Nicolás Gutarra, Carlos Barba, Julio Portocarrero, Eulogio Otazu, Carlos del Barzo, Christian Dam, entre otros. Toda una pléyade de infatigables luchadores al servicio de la revolución.

Es así, que le rendimos homenaje y conmemoramos, al maestro y guía Delfín Lévano, que se mantuvo hasta el final como un auténtico anarquista, no siendo ganado por el aprismo, ni por el Partido Socialista [Partido Comunista] (2), ni tampoco por el gobierno, ni por pensamiento dominante de aquella época.

Nace en Lurín el 9 de noviembre de 1885, sus padres fueron Don Manuel Caracciolo Lévano (1962-1936) y Doña Hermelinda Gómez. Teniendo como hermanos a Hemérita y Eufrasio Lévano Gómez.

Su Padre Don Manuel Caracciolo Lévano, Su madre (Hermelinda Gómez), trabajadora y luchadora social de Lurín y su padre (Manuel Caracciolo Lévano, de padres campesinos), fue un combatiente guerrillero en los días de resistencia ante la invasión chilena, peleando en la batalla de Miraflores. Fue el primer dirigente obrero que traza el programa para el proletariado peruano (47), que busco y propagandizó la “organización de los obreros y campesinos” (48), para la redención social. Hombre de “Lucha Armada” (49). Ante la traición de Cáceres lo combatió tenazmente, siendo encerrado durante meses en el Cuartel de Santa Catalina (50). Liberado del encierro, se instala en Lima, trabajando como cultivador de aceitunas, ingresando luego a la fábrica de cigarrillos. Poco tiempo después “se dedicará al oficio de panaderos donde dedicará todas sus actividades de propagandista de unidad y luchador por la reivindicaciones proletarias” (51). Años después se sumará a las montoneras de Piérola. Instalándose éste en el poder en 1895, se siente decepcionado al ver como reprime al pueblo, masacra indios, obreros…, para que sigan trabajando como esclavos (52), resultando todas las promesas del dictador, una farsa. Retorna después a su condición de obrero, ya que no estaba en su conciencia llegar a coronel o diputado (53).

Por sus ideas y actividad, sufrió persecución y penurias (al igual que su hijo Delfín Lévano), las que no lograron doblegarlo. Escribió en El Oprimido, La Agitación, El Hambriento, La Voz del Panadero, El Obrero Panadero, Simiente Roja, Humanidad, La Protesta, Armonía Social, entre otros; firmando con nombre propio y como Comnavelich, Manuel Chumpitaz (54), L.E.Ch., El Federado Nº 3, anónimamente, entre otros (55).

Abrió el siglo XX, como secretario general de los panaderos, en la primera huelga por demanda de salario en 1901 (56). Fue el primer organizador sindical, el abuelo del sindicalismo (57). Propagandista del anarquismo y amante fervoroso de la organización del proletariado. Fue una persona “inteligente y estudiosa, honrado, altivo y discernimiento, era el hombre de acción metódica, no gustaba de la palabrería altisonante ni de fieras posturas de clamor irresponsable; le gustaba el sembrar ideas, organizar gremios obreros, trazar nuevos rumbos de la ideología socialista libertaria y estar al lado de los trabajadores cuando planteaban, dentro de acción directa que el preconizaba, sus reivindicaciones mejoristas y sus protestas contra os atropellos a los derechos del pueblo” (58).

Cuando ya no pudo trabajar, continuó asistiendo a las asambleas de la Federación de Panaderos, opinando, brindando consejos de toda su experiencia y labor revolucionaria.

Muriendo el 10 de junio de 1936, “fiel a sus convicciones anarquistas” y en pleno conocimiento de sus facultades, sin temor a la muerte, se despidió de toda su familia “estrechándole las manos y dándoles el último abrazo”. Pidiendo, antes de morir, pluma y papel, escribiendo: “soy padre pobre, pero a nadie debo nada”, viniéndole “la muerte con la pluma en la mano, cuando, talvés, quería escribir algo más (59).

Nekromante

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