La farsa bolivariana

Publicado: stUTCp3103UTC05bSun, 31 May 2009 18:03:09 +0000UTC 28, 2008 en Exclusivo para el blog

y seguía hablando Chávez…

Si el tipo fuera una persona del montón, y uno tuviera que aguantárselo como compañero de asiento en un viaje de tren, a los pocos minutos se cambiaría de vagón. La verborrea incontenible de Hugo Chávez, milico de profesión y mandamás de vocación, engrandecida por cámaras de televisión, radios, satélites, devotos alcahuetes y afiches publicitarios, no deja de ser la misma cháchara que la de una vieja chismosa de feria. Tan solo está amplificada. Lo mismo que sus supuestas capacidades como conductor de la “revolución bolivariana”.

Si una persona para expresar su punto de vista tuviese que hablar durante cuatro horas, se le colgarían críticas que irían desde ausencia de poder de síntesis y claridad en las ideas, hasta imbecilidad manifiesta. Chávez lo hace frente a una multitud que lo escucha sin pestañear, y por eso lo considera un hombre con capacidad extraordinaria de liderazgo. Una mezcla de Fidel Castro con Juan Domingo Perón, es decir, un nacionalista enfermo de poder capaz de sacrificar cualquier cosa por tener un lugar en la historia.

La consulta popular para incorporar una enmienda constitucional a la reelección indefinida terminó con el triunfo del chavismo, lo que le permitirá a Chávez eternizarse en el poder mientras logre que lo voten (o disfrazar los resultados adversos). La izquierda autoritaria lo vitoreó y festejó en toda América y Europa como si se tratase de la toma del Palacio de Invierno en pleno Caribe. Argumentan que ahora sí el camino está allanado para la revolución, que se va a profundizar la revolución y que el rumbo al socialismo es inmodificable.

El milico Rugo Chávez, presidente de Venezuela, en diez años que está en el poder ha logrado llevar a su país tan cerca del socialismo como Zapatero, Kirchner, Lula o Uribe de los suyos (personajes que si pudieran eternizarse en el poder por la “voluntad popular” lo harían igualmente). La izquierda enamorada de Chávez no es muy diferente de la izquierda venezolana antes de Chávez. Esa izquierda autoritaria venezolana fue siempre (y aún lo sigue siendo) la misma mierda elitista, llorona, dogmática, contrarrevolucionaria y ansiosa de poder que la del resto del universo. Pero Chávez les dio lo que nunca habían tenido y siempre buscaron: les dio un pueblo, les dio pobres, les dio obreros y campesinos. Y a cambio de su apoyo incondicional y la integración de sus cuadros en la estructura del vacío PSUV fundado por Chávez, les dio poder, les dio empleos burocráticos y les dio trascendencia.

Los intelectuales deslumbrados, los izquierdistas de café, los antiimperialistas que se alían con cualquiera que no hable inglés, los políticos, los empresarios nacionales y los periodistas oportunistas y mediáticos de turno, son los apóstoles de la revolución bolivariana en el exterior, del socialismo del siglo XXI, del socialismo real y la nueva hora de los pueblos. Comparten la visión polarizada que solo favorece a Chávez y a sus opositores: “después de mí, el abismo”, dice Chávez; “Chávez nos lleva al abismo”, replican los antagonistas democrático representativos. Unos y otros han comprendido que la polarización es el mejor antídoto contra las revoluciones. Ambos grupos azuzaban a la ciudadanía: “si no votas en las elecciones, pesará sobre tu conciencia”.

Ganó el Sí, un 54 por 100 contra el 46 por 100 del No. Un 30 por 100 se abstuvo de participar, hartos de la cháchara y la mentira, desilusionados de un proceso que nunca los tuvo en cuenta más que para hacer número. Sus vidas no cambiaron mucho en los diez años de “revolución bolivariana”, tal vez empeoraron, paralelamente a los índices de violencia social –Caracas está considerada más violenta aún que las legendarias Río de Janeiro o Bogotá- y las prebendas obtenidas por la boliburguesía, la nueva clase económico/ política de los que hacen negociados bolivarianos y por el socialismo.

En este panorama hostil, los compañeros anarquistas de Venezuela (agrupados en su mayoría en torno al colectivo del periódico El Libertario, www.nodo50.org/ellibertario), supieron comportarse como verdaderos revolucionarios, sin ir a comer de la mano de los poderosos (chavistas o anti chavistas), apostando por su propio proyecto, autónomamente y enfocando hacia las bases. No participar del sistema de dominación y construir un movimiento desde abajo es la consigna. Sus sentimientos son compartidos por un tercio de la gente, que no cree en estas opciones polarizadas y no participó de la farsa. Salud, anarquistas venezolanos: no esperábamos otra cosa de nuestros compañeros.

por Lobisón.

Tomado de Tierra y Libertad. Nº 248.

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