CUBA HOY

Publicado: thUTCp3047UTC06bThu, 25 Jun 2009 15:47:46 +0000UTC 28, 2008 en Exclusivo para el blog
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Cambios de aparato: una mirada libertaria

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Con respecto a los recientes cambios de gabinete en el gobierno cubano, mucho se ha escrito, tanto en la prensa de papel como en la digital, tanto en la derechista como en la de izquierdas. Sería probablemente superfluo seguir desarrollando el tema en los medios libertarios, es decir, entre los que creemos que “cualquier” sistema de gobierno lleva la marca de origen de la dominación. Sin embargo, hay razones para dedicarle unas líneas a esos cambios también acá: primero, por la complejidad del momento de transición que vive Cuba (donde una de las recientes acciones propagandísticas ha consistido en imprimir carteles representando una “masa”, una muchedumbre de figuras masculinas de “raza blanca” vestidas de verde olivo, fusil al hombro, idénticas entre sí y al Comandante, con un texto abajo que decía “Los jóvenes no fallaremos”, o “Cuba Post- Castro”); segundo, porque los más importantes funcionarios depuestos por el Consejo de Estado -y que posteriormente renunciaron a sus cargos como legisladores y dirigentes partidistas- se consideran representantes de una generación joven en el poder. Pues acá les va la historia.

Carlos Lage, en el momento que lo quitaron, tenía los cargos de Secretario del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros y Vice-Presidente del Consejo de Estado. Lo de Secretario no debe confundirnos: ese cargo llevaba aparejadas las funciones de una especie de zar de la economía cubana que lo convertían en un primer ministro de-facto (en un país donde las máximas magistraturas del Estado y el Gobierno coinciden en la figura del líder, ello significaba que a Lage le tocaba lo que en Cuba llamamos “jamarse el cable”, es decir, realizar en el gobierno todo el trabajo corriente y operativo). Lage tiene fama de ser un tipo sencillo y trabajador, iba por las tardes a hacer jogging a la Ciudad Deportiva, jugaba tenis y le daba aventones a los transeúntes en su auto Lada. Pero de las posiciones que asumía en su labor de zar, sabemos poco. En Cuba, donde la “Unidad” es ley y principio de la “Revolución”, no se conocen las opiniones verdaderas de quienes mandan. Según algunos analistas “occidentales”, Lage fue el promotor de las muy limitadas reformas de mercado, que en los años 90 permitieron a la gente vender en la calle café caliente y cucuruchos de maní “por cuenta propia”, alquilar sus viviendas a cubanos y extranjeros, recibir remesas del exterior y -especialmente a los campesinos- comercializar sus productos a precios de oferta y demanda en los mercados agropecuarios.

También se autorizó a los empresarios capitalistas extranjeros invertir en Cuba, y a algunos trabajadores cubanos a cobrar “estímulos” en pesos cubanos convertibles. El último “logro” de esas reformas es que los cubanos que tienen mucho dinero (porque se lo mandan “de afuera”, o porque trabajan “bien arriba”, o porque hacen algún negocio “por la izquierda”) ya pueden ser propietarios de teléfonos móviles y hospedarse en los hoteles (a precios en “convertibles”, con cifras iguales o superiores a los pagados por los extranjeros). No sabemos si de verdad Lage promovía tales reformas, pero sí que la “soga” que le tocó “jamarse” era dura, dado el estado precario y casi inoperante de la economía cubana -hecho que constatamos con fuerza desde nuestra cotidianidad (hasta la sal que venden en la bodega nos llega de otros países, incluida España, es decir, la importan transoceánicamente a la isla)- y, por otra parte, que en su actividad como monarca económico Carlos Lage emitía una serie de cartas circulares que crearon una especie de sistema jurídico paralelo, pues no encajaban en la legalidad “normal” y al mismo tiempo eran ley para todos los ejecutivos de las empresas cubanas – y para los obreros, claro. Parece que por eso el Consejo de Estado de Raúl Castro hizo esfumarse no solo a Lage, sino también las zarinas facultades de su (ex)cargo de secretario-gobernante.

¿De dónde viene Lage? Pues de la Juventud Comunista, cuyo secretario general fue en los años 80. Lage es un médico (dicen que es pediatra, pero no sabemos si llegó a ejercer) que pasó del liderazgo del komsomol cubano a la selecta membresía del Grupo de Apoyo al Comandante en Jefe (no me puedo aguantar, y hago notar la ironía del término), equipo de jóvenes funcionarios privilegiados que constituía en la época de Fidel un fast track de las organizaciones juveniles oficialistas a los más altos puestos en el único Partido y el Estado. Con fast track quiero decir que quienes llegaban al Grupo “se libraban” de recorrer los tortuosos escalones jerárquicos de la nomeklatura cubana. De ese selecto club de ejecutivos comunistas -que al igual que las Brigadas de Respuesta Rápida contra las manifestaciones disidentes nunca apareció mencionado en la Constitución- proviene también Felipe Pérez Roque, el otro “tronado”, así como su antecesor en el cargo de Canciller Robertico Robaina. Robertico es hoy -al parecer- un humilde director de un parque habanero, pero se había hecho famoso en 1989 porque desde su despacho de Secretario General le cambió el look a la Unión de Jóvenes Comunistas sustituyendo sus siglas UJC por UJotaCé -no es un chiste- e introduciendo las marchas de antorchas y el uso de cintas con slogans como “Fidel, te seré fiel” que individuos de ambos sexos llevaban en sus cabezas al estilo de los Hun Wei Ping de la Revolución Cultural china.

Pues Felipe Pérez Roque -quien junto con Robertico marcó toda una época en Cuba en la que la cartera de exteriores no estaba en manos de un diplomático profesional (y ninguno de los dos tiene el calibre intelectual de Raúl Roa, llamado a principios de la revolución “el canciller de la dignidad”)-, llegó a su puesto ministerial después de haber sido Presidente Nacional de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU). En su función como “líder” fidelista de la FEU, Felipe se hizo famoso por su retórica gritona y también por su oportunismo.

En aquella época (principios de los años 90) los estudiantes de la Universidad de La Habana fuimos los protagonistas de una lucha por la asistencia libre a clases (en Cuba aún se aplica la obligatoriedad de un 70% de asistencia para poder presentarse a exámenes finales). Felipe dio garantías solemnes de que la consigna de asistencia libre no iba a ser catalogada como “diversionismo ideológico”. Le creímos. Fuimos ingenuos. El Congreso Nacional de la FEU que debía debatir el asunto, fue copado por una muchedumbre de estudiantes de otras provincias que -instigados por sus “líderes” (fidelistas) coreaban “¡Asistencia libre no, y estamos con Fidel!”, mientras nuestros delegados se pasaron todo el tiempo del congreso pidiendo la palabra. Felipe sonreía en la mesa de la presidencia. Con esa experiencia fuimos aprendiendo sobre la necesidad de lazos horizontales.

Tanto en las “reflexiones del compañero Fidel” como en las cartas de renuncia de Lage y Pérez Roque se insinúa que éstos cometieron “errores”. Los cubanos aún nos preguntamos cuáles fueron, pues la información sobre tales desaciertos brilla por su ausencia.Yo interpreto que para “tronar” a esos cuadros fue suficiente que las élites políticas capitalistas apostaron por ellos para una “transición” exitosa (tal lectura además trasluce en las “reflexiones”) (1). Los dos personajes formaban parte del equipo que Fidel Castro dejaba a cargo de la Isla en su proclama-testamento; y Raúl le impuso astutamente sus propios cuadros jugando con la consabida intransigencia de su hermano mayor ante la idea de que alguien pudiera sustituirlo. Para ello, a Raúl le debió bastar suministrarle a Fidel unos cuantos escritos de la prensa occidental donde Lage y Felipe se barajaban como “sucesores”. Así, la soberbia del hermano mayor se tornaba en el mejor instrumento de legitimación de su propia operación de reciclaje de élites: de los personeros fidelistas por los raulistas.

Dicho todo esto, entenderán por qué siempre me he sonreído con tristeza al leer en la prensa extranjera que Lage y Felipe podían ser esos “jóvenes” que sacarían a flote la “transición” cubana. Para mí, si bien Lage jugaba (no sé si bien o mal) un rol de “honesto burócrata weberiano” en un momento de “rutinización del carisma”, Felipe siempre fue el típico “guataca” y oportunista al estilo “quítate tú para ponerme yo”. Que ellos, y no por ejemplo el pelele fascista Hassán Pérez (2), hayan tenido éxito en el club del “Grupo de Apoyo” es una cuestión no de esencia sino de gradación en una escala de grises. Ayer los pusieron; hoy los quitan. Sus ideas propias -si éstas existen- nunca las conocimos. Es que nunca optaron por darlas a conocer, pues el camino que escogieron no se transita con ideas propias.

Cuando el 24 de febrero del 2008, ante la inminente proximidad del “hecho biológico”,
la Asamblea Nacional después de la “renuncia” de Fidel entregó el cargo de Jefe de Estado a su hermano Raúl, la mayor sorpresa fue la figura del flamante vicepresidente: el anciano apparatchik Machado Ventura. Lage y Pérez Roque sorprendentemente se desvanecían de la sucesión. Ésta caía en manos de la gerontocracia. El esperado y temido “hecho biológico” de la muerte del líder eventualmente se tornaba múltiple. En su frustración, los dos burócratas jóvenes eran acompañados por Ricardo Alarcón. El experimentado diplomático, sustituido en su tiempo por Robertico Robaina al frente del MINREX cubano, había sido recientemente desacreditado por un estudiante universitario, cuyas afiladas preguntas y las inconexas respuestas del ex – canciller tornado presidente del parlamento castrista, se convirtieron en símbolo de la incoherencia del régimen. ¡Nada más oportuno para frustrar la carrera de un cuadro político ejemplar! Y es que Alarcón es precisamente la persona que, a poco más de un año del triunfo de Enero del 1959, entregó la dirección de la FEU a manos de representantes del régimen y ayudó a abolir una histórica consigna de los estudiantes cubanos: la autonomía universitaria.

En estos momentos el destino de la juventud pro-sistémica en el poder es incierto. Los burócratas jóvenes cubanos se han hecho famosos recientemente por su adicción a la corrupción y al robo, incluyendo el misterio de la desaparición de varios contenedores del puerto de La Habana, que traían bienes para los “trabajadores sociales”, la frustrada guardia pretoriana del régimen. Lo que sí se puede prever con casi total seguridad es que Lage y Pérez Roque no estarán en el Congreso del PCC a celebrarse a finales de este año; por otra parte, ya se siente en las calles un fuerte escepticismo sobre si tal Congreso de veras sería útil para algo. No puedo dejar de decir que ciertamente me complace, que con los recientes cambios, la edad promedio del gobierno cubano haya aumentado. Aunque no soy partidario de dejar la historia de Cuba a merced de los “hechos biológicos”, tampoco he tenido fe jamás en los Felipes, Lages, Robainas y Hassanes. Hay en Cuba otros jóvenes (de todas las edades) que sí tienen – tenemos- muchas cosas que decir y hacer. El pensamiento revolucionario alternativo al sistema estatista oficial ha nacido ya y también ha dicho sus primeras palabras, palabras que aunque no retumban en las plazas ya no son murmullos, y que van convenciendo a un número cada vez mayor de personas. El futuro de Cuba se construye y se gana desde las calles, desde la gente, desde la lucha por la supervivencia en el calor de la vida diaria. Se construye y se gana con la fe humilde y protagónica, solidaria y cuestionadora, la siempre crítica fe en uno mismo y en quienes nos rodean. Los cuadros mueven el aparato; las gentes mueven el país. El radicalismo contestatario se gesta en la radicalidad cotidiana y no en las frías entrañas de las maquinarias políticas monopartidistas. Así es la revolución cubana en la que creemos y que estamos haciendo.

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NOTAS:

1. Otro motivo para la deposición de ambos funcionarios pudo haber sido la sospecha de que pretenderían lograr un protagonismo excesivo en el contexto de las posibles negociaciones con la administración Obama.

2. Historiador fiel al “máximo líder” que vestía camisa parda y cuya “elección” fraudulenta a la presidencia de la FEU suscitó acciones con volantes en la Universidad de La Habana; años después Hassán se convirtió en otro “sujeto omitido”.

Extraído de Cuba Libertaria. Nº 12.

http://www.nodo50.org/ellibertario/cubalibertaria.html

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