Entre la Plataforma y el Partido:

Publicado: stUTCp3010UTC11bSun, 01 Nov 2009 23:10:28 +0000UTC 28, 2008 en 533960

las tendencias autoritarias y el anarquismo

(Primera parte)

El anarquismo es un movimiento -es decir, una multiplicidad de tendencias- cuyo fin general es fundar una sociedad sin explotados ni oprimidos, aboliendo toda forma de gobierno y de propiedad de los medios de producción, eliminando las clases sociales y sus privilegios, las desigualdades raciales, sexuales, económicas, políticas y sociales. Este esbozo descriptivo comprende a la mayoría de las tendencias que se denominan anarquistas: individualistas, organizacionistas, comunistas, colectivistas, plataformistas, anarcosindicalistas, etc. No obstante este carácter movimientista inherente al anarquismo, algunas tendencias tienen una visión no tan inclusiva, sino que apuntan a la conformación de una organización anarquista de tipo partidaria: un partido anarquista.

Estas propuestas toman generalmente como punto de partida a la Plataforma Organizacional que allá por los años ’20 pergeñaran en el exilio Makhno, Archinov y otros destacados militantes anarquistas rusos, que habían logrado salir de la Rusia bolchevique. Este documento proponía la reorganización del anarquismo en Rusia incorporando –sin reconocerlo- elementos de neto corte leninista, con la intención de superar los errores que habían llevado a la derrota anarquista frente a la preponderancia bolchevique durante la Revolución Rusa. Dentro de esta línea plataformista se destacan el Workers Solidarity Movement de Irlanda y la NEFAC norteamericana, siendo algunos de sus referentes más conocidos en América Latina la Alianza de los Comunistas Libertarios de México, la Organización Comunista Libertaria de Chile, la Federación Anarquista Gaucha brasileña y la OSL argentina. Pero también han habido en los ‘60 y ‘70 otras tendencias que sin reconocerse abiertamente plataformistas, han esbozado un sendero paralelo influenciados por la revolución cubana. El principal referente de esta línea ha sido la Federación Anarquista Uruguaya, organización paradigmática y fuente de inspiración de organizaciones anarco-marxistas y anarquistas de estilo partidario, como fue el caso en Argentina de Resistencia Libertaria, así como de varias organizaciones plataformistas.

En la mayoría de estas tendencias y organizaciones existen ciertos presupuestos compartidos, patrones comunes y elementos afines, que permiten englobarlas como una única corriente. Su elemento más destacado es la concepción de que la revolución anarquista debe ser propulsada por organizaciones de tipo partidario. Esta concepción ha sido justificada desde diversos ángulos y con argumentaciones diferentes, no siempre congruentes entre sí. De todos modos, los puntos en común prevalecen por sobre las diferencias, que parecen más bien matices de un mismo color.

Provisoriamente digamos que, entendemos por partido político a un grupo de personas conformando una organización política adscripta a una ideología y con un programa de acción, cuya finalidad es la toma del poder político, es una organización independiente del Estado y tiene como pretensión ser representante de la voluntad general y los intereses de la mayoría. El partido político se nos presenta como un vehículo de transformación social, como un medio para alcanzar un fin (el gobierno). La concepción del partido anarquista se ajusta a los parámetros generales de los partidos políticos en lo teórico, salvo en lo que respecta a la toma del poder político; el medio de transformación social es la organización partidaria, que establecería la dirección revolucionaria. Frente a esta concepción representativa, directiva, externa y mediadora del plataformismo y el anarco-partidismo, se erige la mayor parte del movimiento anarquista en todas sus otras vertientes. A continuación, examinaremos algunos de los presupuestos básicos y argumentos que estas tendencias utilizan para justificar la necesidad organizarse bajo la forma de partido.

¿Qué es un partido político?

Los partidos políticos surgieron como agrupaciones o clubes de individuos colaboradores que apoyaban la candidatura parlamentaria de un político. Desde sus orígenes, a principios del siglo XIX, los partidos políticos se vincularon a la idea de gobierno (acceso al poder) y a la idea de elecciones representativas. Eran facciones o grupos políticos organizados en torno a un candidato, pero con el tiempo fueron adquiriendo un carácter mucho menos provisorio o circunstancial, convirtiéndose en organizaciones más formales, estratificadas y burocratizadas, ya no organizándose en torno a un individuo sino más bien a un programa o a una ideología. En un sentido más moderno -según sostiene el estudioso Francisco de Andrea Sánchez- un partido político presenta ciertas características que lo diferencian de otro tipo de agrupamientos políticos: “a) una organización permanente, completa e independiente, b) una voluntad para ejercer el poder, y c) una búsqueda del apoyo popular para poder conservarlo”. Este autor sostiene que, al igual que dentro de la categoría medios de transporte se incluye a diversas clases de vehículos, se podría decir que “todo partido político es un grupo político, pero no todo grupo político es un partido político.” Un grupo político puede ser una ONG, una agrupación sindical, una agrupación universitaria, un club, etc., no necesariamente un partido político.

Esta distinción es esencial cuando se trata de abordar el por qué del rechazo de los anarquistas a la conformación de un partido. Todas las definiciones de partido político llevan como ingrediente ineludible la voluntad de acceder a un gobierno. Veamos las siguientes definiciones:

1- “un partido político es un grupo de seres humanos que tiene una organización estable con el objetivo de conseguir o mantener para sus líderes al control de un gobierno y con el objeto ulterior de dar a los miembros del partido, por medio de tal control, beneficios  y ventajas ideales y materiales” (Friedrich, Carl. J. Teoría y realidad de la organización constitucional democrática, México, FCE: 297).

2- “la forma de socialización que, descansando en un reclutamiento libre, tiene como fin, proporcionar poder a su dirigente dentro de una asociación y otorgar por ese medio a sus miembros activos determinadas probabilidades ideales o materiales” (Weber, Max. Economía y sociedad, México, FCE, 1969: 228).

3- “Un partido es un grupo, cuyos miembros se proponen actuar en concierto en la competencia por el poder político” (E. Schumpeter, citado en de Andrea Sánchez. Los partidos políticos: 61).

Estas son solo algunas de las definiciones que la teoría sociológica moderna admite para la categoría de partido político. Entonces, un partido es una organización estructurada para dirigir, administrar, representar, gobernar, es una entidad esencialmente mediadora (promueve la acción indirecta). Atendiendo a lo anterior, la forma partido resulta contradictoria con algunas de las finalidades básicas del anarquismo: acabar con todo tipo de poder político, eliminar al Estado y toda forma de gobierno. Esta es la principal objeción que se puede hacer a la idea de partido anarquista.

La falacia del partido bakuninista

Pero esta incongruencia entre medios y fines suele ser sorteada por los anarco-partidistas objetando que cuando hablan de partido se refieren al sentido que le dio Bakunin, como es el caso de la ACL mexicana. En un documento denominado El Anarquismo Revolucionario y los Partidos Políticos sostienen que Mikhail Bakunin “comprendía a la perfección la necesidad histórica de un partido revolucionario, formado únicamente por los elementos más entregados y abnegados a la causa revolucionaria. Bakunin no solo comprendía la necesidad de una organización de tales características, sino que además la construyó en el año de 1868 bajo el nombre de Alianza de la Democracia Socialista”.

En primer lugar, es absolutamente falso que Bakunin “comprendiera a la perfección la necesidad histórica de un partido revolucionario”, más aún cuando lo que se señala como un partido político de su creación, no lo era en el sentido moderno. La Alianza era una agrupación política de vanguardia nacida para la acción y la lucha y como lo dice el propio Bakunin: “el único objetivo de la sociedad secreta tiene que ser no la constitución de una fuerza artificial fuera del pueblo, sino el despertar y organizar las fuerzas populares espontáneas”. El papel de la vanguardia no es dirigir o conducir a las masas hacia la revolución sino influir en las clases populares para auto-organizarse y emanciparse a sí misma, desde dentro de las masas y no externamente, estimulando la acción directa espontánea. Bakunin se refiere en realidad a pequeños grupos independientes e interconectados entre sí, que responden a un mismo ideal revolucionario. Lo que se proponía la Alianza era influenciar a las masas, no dirigirlas desde una posición de poder. A Bakunin le interesaba mucho menos aún la continuidad de tal organización después de producida la revolución, lo cual concuerda con su visión insurreccionalista y espontánea de la revolución social. La permanencia en el tiempo o la participación reformista estaban excluidas de las actividades de la Alianza.
Tomando algunas de sus frases aisladas, podría interpretarse que existen puntos de contacto entre el vanguardismo de Bakunin y la “dirección revolucionaria” de Lenin. Y esto es posible porque la obra de Bakunin es asistemática, dispersa, fragmentaria, discontinua y muchas veces confusa (lo que se trasluce en expresiones como “la Alianza, tiene por misión el dar a estas masas una dirección realmente revolucionaria”) . En cambio, la obra de Lenin es considerablemente más compacta y estructurada y ofrece menos lugar a dudas. El británico Christopher Hill –el más brillante historiador marxista de su generación- describe sucintamente la idea de partido que defendía Lenin en el célebre ¿Qué Hacer? de 1902: “sólo un partido político de la clase obrera podría ser instrumento de la revolución. (…) no podía haber movimiento revolucionario sin una rigurosa orientación teórica. Pero la conciencia de clase no podía brotar espontáneamente en la clase obrera; debía ser introducida desde fuera por un partido político que constituyese la vanguardia y guía consciente de esa clase”. Por eso, cuando la ACL sostiene la “necesidad histórica” de un partido revolucionario, más que seguir a Bakunin, se encolumna claramente dentro del pensamiento leninista. Por otra parte, la ACL declara que renuncia a autodenominarse partido solo por cuestiones tácticas, “puesto que hoy en día se entiende por partido la noción burguesa de: elecciones, parlamento, poder político, y toda una serie de conceptos que van en contra de la emancipación popular.” Lo que en realidad no puede significar otra cosa que decir: “somos un partido, pero no lo reconocemos públicamente para evitar objeciones”.

Para la ACL los partidos políticos autoritarios son los burgueses y los leninistas, considerados verticales y centralistas, en oposición un supuesto partido anarquista que, de todos modos, no dejaría de lado la división entre dirigidos y dirigentes, emancipados y emancipadores, inconscientes y conscientes; en esto se resume esta supuesta “tendencia bakuninista”. Como bien sostiene al respecto el consejista Roi Ferreiro: cuando la ACL afirma que su pretensión es “insertar nuestro programa socialista libertario en [los movimientos populares] y conducir las luchas populares por un sendero anti-capitalista”, lo está diciendo todo. Quien no sepa ver aquí a un “partido revolucionario” más, sin ninguna diferencia esencial con todos los demás que así se proclaman, es que está ciego.

Lo paradójico del caso, es que la ACL pretenda diferenciarse del leninismo, atribuyendo al propio Bakunin la paternidad del pensamiento leninista: “la concepción de una Organización de los elementos de vanguardia, no es, como muchos piensan, expuesta por vez primera por Lenin. Con décadas de antelación Bakunin entendió que las organizaciones de defensa y resistencia del Frente de Masas (por ejemplo los sindicatos o las asociaciones obreras internacionales) no eran suficientes para emprender una lucha revolucionaria, sino que hacían falta, además, los núcleos de los revolucionarios mas conscientes que les disputaran la dirección de los movimientos populares a las tendencias reformistas y a las abiertamente burguesas” (subrayado nuestro). Aquí se revela en toda su esencia un partido político que compite por el poder con otras fuerzas de similares características. De más está decir que nunca fue este el pensamiento de Bakunin.

Si bien la ACL sostiene que su principal diferencia con el pensamiento leninista consiste en que la organización anarquista no pretende tomar el poder, debemos tener presente que si bien los fines son opuestos, los medios para conseguirlos son similares. Y esto debería prender una luz de alerta en todos aquellos que con buenas intenciones adhieren a este tipo de propuestas, porque el salto que va de la dirección de los movimientos populares a la dirección político-económica de la sociedad por una organización anarquista, puede ser en realidad tan solo un paso.

La artimaña del “partido de Malatesta”

Evidentemente el contenido contradictorio del término partido anarquista tampoco se escapa a otras agrupaciones que tienden a justificar su utilización. Por ejemplo, en Hijos del Pueblo, Nº 7 (Buenos Aires, junio de 2007) se afirma que en los años ’70 la Liga Anarco Comunista y Resistencia Libertaria “levantaban como estrategia, la necesidad de la construcción de una Organización Específica Anarquista, siendo la primera una tendencia o línea, un grupo más que participaría del proceso de la construcción de dicha organización, que era caracterizada como un partido. Esto se hacía retomando los planteos de Bakunin y de Malatesta, quien se refería a la necesidad de formar un partido anarquista, entendiendo por tal la organización de los anarquistas”.

En primer lugar se hace necesario aclarar que Resistencia Libertaria, según quienes la integraron, era un partido de cuadros en la acepción moderna del término, inspirada en los partidos de la izquierda revolucionaria de los ’70. Por eso es incorrecto acudir a Malatesta –mucho más a Bakunin- para justificar la “necesidad de formar un partido anarquista”. El término partido tal como lo usaba Malatesta no tenía el sentido de la forma histórica “partido político”, sino que era utilizado como sinónimo de organización, agrupación, grupo político o facción. Un partido en su acepción moderna es un tipo, una clase de organización bien definida.

La propia FAU –que propicia una versión de anarco-partidismo de cuño propio- en su página Web aclara que el sentido que le dio Malatesta al término partido es “el conjunto de todos aquellos que combaten por un objetivo político-social dado, con los mismos criterios y acuerdos, independientemente de las formas específicas de organización, y también de su existencia o no”. Cuando Malatesta hablaba de partido no hablaba de otra cosa que de organización, frente a las posturas individualistas de su época. No se refería a un partido político de ninguna especie, sino que se refería a “conjunto de individuos que tienen un objetivo común y se esfuerzan por alcanzar ese objetivo”. Porque lo que se discutía en esos años era si se debía actuar en organizaciones o actuar individualmente; no se planteaban cuestiones como partido sí o partido no.

Por ejemplo, veamos la forma de organización que Malatesta concibe: “Deseamos que los grupos anarquistas se multipliquen y se ensanchen. Hágase una federación, háganse dos, háganse cien: lo importante es que cada uno halle el ambiente que le conviene, que cada uno pueda trabajar según sus ideas y su temperamento, y halle en la asociación no un límite a su libertad, sino el modo de hacer más eficaz su actuación, más verdadera su libertad… Libertad del individuo en el grupo y del grupo en la federación”. Esta acepción abierta del término partido en Malatesta no se corresponde en absoluto con la acepción restringida de partido político, sino que es aplicable a diversos tipos de organizaciones y asociaciones.

Además, Malatesta condenó explícitamente el tipo de organización partidaria de corte leninista –como lo hizo con el plataformismo-, y advertía que si la revolución era obra de la organización anarquista y no de los trabajadores por sí mismos “entonces ya no habría triunfo del anarquismo sino un triunfo nuestro. Por mucho que nos llamáramos anarquistas, en realidad no seríamos más que simples gobernantes y seríamos impotentes para el bien como lo son todos los gobernantes” (V. Richards: 128). Entonces, utilizar la expresión partido anarquista en el sentido malatestiano es un anacronismo perfectamente reemplazable por los actuales términos de organización o colectivo anarquista; es atribuir a la expresión un significado diferente al que le daba su autor. Este disparate no encuentra mayores justificativos cuando Vernon Richards y Angel Cappelletti, los más sobresalientes comentaristas de Malatesta, nunca interpretaron el enunciado partido anarquista como la propuesta de conformar un partido político como forma organizativa de los anarquistas.

Entonces, ¿cuál es el sentido de insistir en la utilización del término partido anarquista, para luego tener que aclarar que en realidad se hace referencia a una agrupación política completamente diferente a lo que se entiende usualmente por un “partido político”? Quizás la respuesta sea que, lo que en verdad se está buscando es la naturalización del término partido entre los anarquistas, como un primer paso hacia la conformación de partidos políticos anarquistas propiamente dichos.

Notas:

Muchas de los pensamientos que se atribuyen a Bakunin han sido tomados de su correspondencia personal, equiparándolos a los textos políticos que fueron escritos con la intención de ser divulgados públicamente. Las citas fuera de contexto generan confusiones, debido a que están en conflicto con las ideas más generales de Bakunin, brillantemente expuestas por Cappelletti en El pensamiento de Bakunin.



P. Rossineri

Publicado en Libertad! Nº 45, nov-dic 2007.

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comentarios
  1. enrique silva dice:

    no me inspira confianza alguna la politica que toma de rehenes a la sociedades no me siento representado por politicos que solo ambicionan el poder y el dinero y dejan de lado las realidades que hoy vive america latina creo que por el solo hecho de no ser gobiernos de participacion popular los desapruebo totalmente por eso estoy en un todo codo con codo con ustedes hasta la victoria siempre anarquistas del alma. enrique

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