La crisis del movimiento obrero y el “pobretariado”

Publicado: rdUTCp3040UTC11bMon, 23 Nov 2009 03:40:06 +0000UTC 28, 2008 en 533960

1. ¿Qué entendemos por “movimiento obrero”? No podemos decir que “movimiento obrero” y “movimiento sindical” son sinónimos. Si bien la crisis mental y orgánica está corroyendo el sindicalismo, dentro del concepto de “movimiento obrero” podemos incluirnos nosotros mismos, los libertarios, así como otros que se declaran socialistas o comunistas, a veces sin tener ningún derecho de hacerlo.

2. Si el movimiento obrero está en crisis es, en parte, por el cambio de la organización fabril, minera o agro-industrial, o sea las mutaciones tecnológicas del sistema capitalista mismo. En realidad, los centros (fábricas, talleres, ingenios, minas) donde laboraban los obreros y obreras, se han fragmentado y tercerizado, y ahora tenemos fábricas no ya de miles de operarios sino de decenas o, a lo mucho, cientos de entre ellos. Algo más, sólo el 15% de los obreros están en planilla, son sectores estables, formalizados, al menos en el Perú, constituyendo este grupo un estrato privilegiado toda vez que hoy por hoy, en todo el mundo, tener un empleo seguro es un privilegio que lleva a sus detentores a olvidar la solidaridad con la mayoría, o sea los contratados, los excluidos que no tienen ningún beneficio social. Si el sindicalismo está tan mal, tan débil, tan poco respetado por la patronal y los gobiernos, con escasa capacidad de negociación, es porque la clase obrera misma de antaño ha desaparecido y hoy vivimos una situación social siempre contradictoria, pero con contradicciones distintas, inclusive entre la clase misma.

3. ¿El “pobretariado” (como le llaman los marxistas, o sea las “masas” de marginados y excluidos) es el nuevo “sujeto revolucionario”?

Personajes del mundo intelectual como Noam Chomsky nos han alertado sobre lo peligroso que podría ser la existencia de grupos sociales masivos “superfluos”, es decir gente que el sistema capitalista considera que “sobran”, y que el sistema podría funcionar sin ellos, por ejemplo esos cientos de millones de desocupados, de jubilados pobres, de vendedores de baratijas, de limosneros, de trabajadores precarios, de gentes obligadas a robar para supervivir, de prostitutas hombres y mujeres, adultos y niñas o niños, es decir hay el peligro de que los políticos del imperio y sus aliados de la OTAN pretendan eliminarlos físicamente, como ya prácticamente lo hacen hambreando millones de seres en el África.

Estos grupos marginales pueden ser el nuevo sujeto revolucionario como dice el marxista Marcelo Colussi, pero también podrían ser utilizados por algún caudillo fascista operando en cualquier parte del mundo.

En todo caso, discrepamos de la idea de Colussi de que una “vanguardia” podría apoyarse en esos grupos para “tomar el poder”, sin precisar cómo lo reemplazamos, por quiénes y con qué proyecto societal. Si él afirma que los excluidos (como los llama el anarquista italiano Bonano desde hacen más de 15 años) tienen el problema cardinal e inmediato de la supervivencia, entonces aquí cabe la estrategia del anarquismo moderno consistente no tanto en reclutar nuevos militantes y combatientes para construir el socialismo desde las alturas del poder (proyecto autoritario), sino estar al lado de los excluidos y marginados para ayudar a que se organicen en empresas autogestionarias y socialistas que no sólo resuelvan el problema angustiante de qué comer hoy mismo sino que se articulen para volverse una alternativa posible y concreta al régimen capitalista depredador y cuyo único interés es la ganancia.

Frente a la política asistencialista y clientelista de los grupos políticos de derecha y de izquierda que ven a esas personas como un banco de votos o como una base “insurgente” (tipo Andahuaylazo), nosotros los anarquistas preconizamos que los excluidos mismos se autoorganicen, ganen el pan con su propio esfuerzo mental y físico, y se capaciten para regir los destinos de la sociedad por sus propios medios. Es decir, tenemos que obrar de modo que la insurgencia no sea un trampolín al poder político, sino un método de reestructuración de la sociedad, no tanto de un país por separado sino del mundo entero, ya que la realidad es compartida por todos los países, ya que en todos hay “pobretariado”, miseria y exclusión.

Anselmo Pérez

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comentarios
  1. miguel angel dice:

    Yo quiero decir algo. Marx habló sobre los excluidos sobrantes, de tal manera que no es una novedad decir que ahora son los excluidos los llamados nuevos sujetos revolucionarios, porque ya el mismo Marx nos decía que los excluidos, es decir los parados son los mismos obreros o proletarios que simplemente no estaban laborando en las fábricas y que de todos modos estos con los que estaban ocupados tenían que tener la misión histórica de sepultar al capitalismo. El proletarido pues son los que están laborando en las empresas como no lo están, los excluidos son proletarios los que van a sepultar al capitalismo estén o no trabajando en las empresas.

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