Los límites del “progresismo” en América Latina

Publicado: thUTCp3110UTC12bSat, 12 Dec 2009 03:10:22 +0000UTC 28, 2008 en 533960

Las estudiadas apreciaciones de la izquierda autoritaria y electoralista, pero sobre todo la diabolización ensayada por la derecha neoliberal, han creado en la gente la idea de que ciertos gobiernos latinoamericanos serían “progresistas”, cuando no de “izquierda”. Y estos gobiernos son bastantes, al menos en América del Sur, tales como el de Venezuela, Ecuador, Bolivia, Uruguay, Paraguay, Argentina, Chile y Brasil.

Sin embargo, el edificio de la dominación imperialista y capitalista en el continente no sólo  no se ha derrumbado sino que se ha fortalecido formalizándose vía los nuevos contratos que asignan una mayor participación monetaria, en los proyectos, mineros petroleros y otros, a los Estados mencionados. Podríamos decir también que el imperio ha aprendido a cogobernar con gentes que se autotitulan de izquierda e incluso con ex guerrilleros como es el caso del vicepresidente boliviano García Linera o el casi seguro triunfador en las elecciones uruguayas, el ex guerrillero tupamaro  José Mujica. O con sindicalistas de combate como fue el metalúrgico Lula en el Sao Paulo de los años 80.

Podríamos decir que la explicación a este embrollo es que la izquierda ha cambiado mucho, pues si antes pretendía derrocar al “Estado burgués” ahora pretende tomarlo, apoderarse de él, porque lo considera indispensable y cree que, sin él, advendría una situación de caos irremediable y, en fin de cuentas, ya su mentor Vladimir Illich Lenin dijo en “El Estado y la Revolución” que el Estado sólo podría desaparecer dentro de 500 años. Ahora estos izquierdistas, en el llano o desde el poder, atribuyen todos los problemas, como por ejemplo el de la pobreza extrema, a la falta de Estado, a la ausencia de Estado en ciertas regiones de estos países, por no decir en todas. Su “programa revolucionario” actual se reduce a reemplazar el modelo capitalista neoliberal por el modelo, igualmente capitalista, de una economía regulada por el Estado. En este banquete “democrático” el pueblo sólo participa como convidado de piedra o como masa de maniobra.

Si bien el modelo capitalista de Estado y nacional populista tuvo un éxito relativo desde los comienzos del siglo XXI, ahora ha entrado en crisis porque los trabajadores y otros sectores populares como los campesinos y los pueblos indígenas quieren ir más lejos, se han tomado en serio lo que decía Chávez respecto al “socialismo del siglo XXI” y pugnan por una sociedad sin explotados ni explotadores, cosa que los gobernantes de estos países “progresistas” y de “izquierda” no pueden hacer porque va en contra de la estabilidad de los Estados cuyo fin es preservar el orden de dominación capitalista e imperialista.

Así que no pueden  avanzar mucho trecho en el terreno social porque, además, los ejércitos están vigilando la integridad del sistema y pueden intervenir violentamente como ha pasado ya en Honduras y esa es una advertencia del amo yanqui. Cobardemente, pues, hay que ir como en el vals, a pasitos cortos, medidos, dosificados hasta convertirse en mera palabrería. Por eso, tanto Correa como Morales, y Chávez, han condenado las “excesivas demandas de los indígenas y de los izquierdistas radicales”. Estos sectores podrían desestabilizar los gobiernos de la “revolución ciudadana” envenenados por las ONG que vienen del “extranjero”. Es decir, el mismo discurso que el de García en el Perú, el de que los pueblos no tienen razones para estar y expresar su descontento y que éste sólo es inoculado por alguna potencia extranjera.

Y he aquí el secreto último del uso de la ideología nacionalista: defender y salvaguardar el capitalismo en cada país, so pretexto de que la sociedad y el orden están amenazados por la ambición extranjera. La verdad es que ni Correa, ni Morales ni Chávez, ni sus ayayeros en el poder, representan una alternativa emancipadora desde el punto de vista económico, social y cultural a la prepotencia de las transnacionales y sus testaferros en todos los países del mundo y no sólo en el continente latinoamericano. El hecho de que hayan comenzado a hacer desaparecer y a torturar a sindicalistas y defensores del medio ambiente demuestra hasta la saciedad que sólo tomando en nuestras manos nuestra propia vida, auto-organizándonos, y construyendo en la práctica una relación social nueva, solidaria e igualitaria, en combate contra quienes harán todo para conservar sus privilegios insultantes. Es decir, si no avizoramos una forma nueva de organización social, socialista y libertaria, pues tendremos engaño, demagogia, y grilletes mentales y físicos para mucho tiempo.

Victor Fréjus.

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