Una crónica de la acción directa del 09 de Octubre

Publicado: thUTCp3122UTC10bMon, 11 Oct 2010 21:22:39 +0000UTC 28, 2008 en Sin categoría
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El 9 de octubre se realizaron acciones directa contra las tiendas Topy Top en Lima, fueron visitadas 04 tiendas, y se distribuyeron casi 4000 volantes informativos. Además el acto se repitió en la ciudad de Tacna, Varsovia, Berlín, Salamanca, NurembergReino Unido y Belgrado. A continuación la crónica de uno de los compañeros, este es el inicio.

El espíritu de casta en el reino de la impunidad

(crónica sobre una acción directa sabatina)

El volanteo a favor de los trabajadores textiles empezó alrededor de las 11 am. Se llevó a cabo en la tienda Topi Top, ubicada en la cuadra 9 de la Av. La Molina. La tienda se encuentra dentro de un centro comercial. Me ubiqué justo a la entrada de la playa de estacionamiento para los coches. La acción directa transcurría sin contratiempos; mientras yo entregaba el volante, lanzaba la frase: “A favor de los trabajadores de Topi Top”. Súbitamente, sin que yo lo notara, una señora rubicunda, de unos 50 años, se me acercó por la espalda e increpó mi acción (luego reparé que había sido informada por un sujeto bien vestido que minutos antes se acercó, para recibir el escrito). Ella me dijo que yo no podía estar ahí, agraviando a los dueños de Topi Top. Se había identificado como gerente de la tienda. Su tono de voz era altisonante. “Esta es mi casa”, sentenció señalando la tienda, y me dio a entender que el “espíritu de casta” está más vivo que nunca y que su autoridad era indiscutible (por encima de la Ley y el sentido común). Yo le respondí: “Esto no es un reino. Hay libertad de expresión, señora”. Además, agregué que conocía muy bien mis derechos fundamentales. Ella replicó amenazando con llamar a la policía que seguro me echaría de ahí. Al ver que yo no me intimidaba, se retiró, no sin antes soltar el epíteto harto conocido: “Son unos comunistas”. La seguí con la mirada, y vi que se acercaba a un policía uniformado, que resguardaba el banco Scotiabank, también dentro del centro comercial y a menos de 30 metros de Topi Top.

Yo seguí repartiendo los volantes. Pero, ahora, el acto había cobrado realmente sentido. Algunas personas leían detenidamente el comunicado. Un señor, de unos 60 años, se acercó. Le informé que la empresa había despedido a 35 sindicalistas, e intentaba desarticular al sindicato. Un trabajador de mantenimiento del centro comercial también se mostró interesado. Le alcancé el escrito. “¿Tú trabajabas aquí?”, me inquirió. Le tuve que explicar brevemente que no; que yo era del sector de telecomunicaciones, pero me solidarizaba con los textiles. El obrero asintió y pareció captar la idea. Al cabo de unos 15 minutos, el sujeto bien vestido, a todas luces empleado de Topi Top, se me acercó con una cámara digital y se puso frente a mí. Me eternizó en varias fotos, precedidas de certeros flashes. Sonreí para la foto, mostrando la V del triunfo. Le comuniqué que la acción se realizaba simultáneamente en otras partes del mundo. “¿Por qué haces esto?”, me interpeló cual circunspecto policía de la realidad (para él, las cosas deben seguir como están). Le repliqué que no tenía intención de irme; que vivíamos en una democracia. Él siguió tomando fotos. Antes de irse, intentó justificarse, añadiendo que sólo cumplía órdenes. “Acá estamos en el Perú”, dijo y la frase me sonó muy ilustrativa, precisa y denotativa para describir un estado de cosas decadente, opresivo y sumamente alienante. La indignación y el furor en mí se mezclaron con cierto desconsuelo…

¿Por qué grupos poderosos como los Flores Conisllia, el grupo Ripley y otros, consideran que viven en el reino de la impunidad y las prerrogativas particulares? ¿Por qué más de 30 sindicalistas son echados a la calle el 1° de mayo, como si fuesen trastos viejos, sin que ocurra nada? ¿Por qué la hija del autócrata, corrupto y dictadorzuelo, súbdito del Imperio japonés, lidera las encuestas de preferencia electoral para el 2011?
En una sociedad profundamente autoritaria y jerárquica, con visibles resabios y signos de una sociedad tradicional, es perfectamente explicable que suceda esto. Por eso, cuando leemos los textos de González Prada –Horas de lucha, Anarquía, Bajo el oprobio y otros- y de Kropotkin sobre el apoyo mutuo y la moral anarquista, no nos resultan desfasados y superados (salvo en algunas minucias). Al contrario: son más actuales que nunca. El espíritu de casta, el lucro a toda costa, el caporalismo, el individualismo egoísta y antihumano y otros vicios que sostienen este sistema económico y social deletéreo, están muy vivos y son más que patentes.

No nos hagamos ilusiones. Transformar este orden de cosas no tomará un año, ni diez, ni acaso un siglo. La solidaridad de clase y el internacionalismo proletario son más necesarios que nunca. Sobre las ruinas de la vieja sociedad y el anquilosado estado, nuestros descendientes danzarán enfervorizados. Bajo el sol negro de la anarquía y libres de toda autoridad.
Márlet Ríos
Lima, 09 de octubre de 2010.

 

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